Historia del Portainjerto

De distintas formas y desde hace muchos años, siempre se ha buscado mejoras en términos de eficiencia y productividad de la actividad agrícola. Muchas han sido las innovaciones de los últimos tiempos en este sentido, pero sin lugar a dudas una de las más interesantes ha sido el portainjerto.

Primeras apariciones en hortalizas

A principio de los 60´s, se empezó a buscar una solución comercial resistente a las enfermedades del suelo y estrés causado por temperaturas frías, en este caso último caso, para ser capaz de adelantar las ventanas de producción.

Para el año 1963 salió el primer portainjerto llamado KK, creado por De Ruiter Seeds, resistente a la temida enfermedad de acorchamiento de la raíz (Corky Root) y al parasito nemátodo.

Como resultado de investigaciones, también se descubrió que los buenos injertos mejoraban la resistencia a condiciones de estrés y aumentaba el vigor.

Dudas bloquean la penetración en el mercado

Aunque los avances fueron positivos en su momento, diferentes factores como la germinación, técnicas inapropiadas de injertación y el hecho de que las áreas de cultivo expuestas al frio fueron reemplazadas por cultivos con calefacción detuvieron por un tiempo el interés por portainjertos.

Nueva técnica aumenta su popularidad

Ya para finales de los 80´s, muchas de las dudas causadas por la técnica de injerto fueron disipadas tras la entrada de técnicas japonesas en Europa. Esto incentivó a más agricultores a desarrollar portainjertos con mayores casos de éxito a un mejor precio. Aunado a esto, con el pasar de los tiempos, muchas investigaciones dieron resultado a un mejoramiento drástico en la capacidad de germinación.

Hoy en día

Gracias a todos los avances en cuanto a técnica, germinación, el desarrollo de híbridos y nuevos tipos de resistencia, el portainjerto se ha posicionado como un elemento clave en la producción agrícola.

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